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Descubre quien eres verdaderamente, “Conócete a ti mismo” (PARTE 1)

CONOCETE A TI MISMO

Parte 1

¿Quién eres?

¿Quieres aumentar exponencialmente
tu poder de autorrealización?

Primero, ¡Descubre quien eres verdaderamente!

 En esta serie “CONOCETE A TI MISMO”, descorreremos el velo de la ignorancia, para ayudarnos a descartar ideas limitantes que nos impiden descubrir nuevos “Territorios de Conocimientos”.

La época medieval comenzó a salir de la ignorancia que la aprisionaba, al abrirse a nuevas ideas como las de Copernico, Galileo y Cristobal Colón.

Hoy no obstante los enormes e innumerables nuevos conocimientos adquiridos, hay un concepto erróneo que todavía tiene encadenada en la ignorancia, a una importante parte de la humanidad.

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Hace unos 2350 años, Sócrates nos enseñó uno de los conocimientos más importantes para el mundo.

El sin sospecharlo, “Grabó a Fuego”, para la humanidad, su “Principio Socrático: “GNOTHIS SAFTON, Conocete a Ti Mismo y Conocerás al Universo”.

texto

Todos creemos que nos conocemos a nosotros mismos, nos vemos al espejo, nos peinamos, nos vestimos y obviamente estamos viendonos.
¿Sera verdad?

pluma

En nuestra conversación diaria a veces decimos:

“Perdí mi pluma”

 

“Se desompuso mi auto”

En estos casos, el objeto, la pluma, el auto, están separados del sujeto, que claramente es el dueño de la pluma y del auto.

rodilla

También en nuestra conversación diaria solemos decir:

“Me duele mi rodilla”

“Se torció mi tobillo”

“Mi nariz es fea”

En estos casos, el objeto, la rodilla, el tobillo, la nariz, no están separados del sujeto. ¿Quien es el dueño de la rodilla, del tobillo y la nariz?

El auto no es el dueño del auto, la pluma no es la dueña de la pluma, hay un ser que es el dueño de esos objetos.

¿Quién es el dueño de la rodilla o el tobillo o la nariz?. Sócrates lo implica indirectamente al decirnos: GNOTHIS SAFTON”, “Conócete a ti Mismo y Conocerás el Universo”.

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Para comprender mejor este “Principio Socrático” veamos un ejemplo mucho más dramático:

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Si una persona en un accidente terrible, pierde las dos piernas y sobrevive, ¿Por quién tiene pena, por las piernas que ya están incineradas o por “El”, que ya no tiene medios de locomoción?. Obviamente tendría pena, coraje, desesperación por falta de ellas.

Si la misma persona, en otro accidente terrible, perdiera los dos brazos y sobreviviera, ¿Por quién tendría pena, por los brazos que estaban enterrados, o por “El”,  que ya no contaba con ellos?

En ambos casos, la contestación lógica, es que tendría una enorme pena, coráje, desilusión, resentimiento, por sus extremidades perdidas. La conclusión inmediata es, que “El” no es ni sus brazos ni sus piernas, ya que sigue existiendo, pensando y actuando, aunque sus brazos y sus piernas estén incineradas y sepultados.

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Si no somos “carne y hueso y un pedazo de pescuezo”, como dice el dicho, ¿seremos nuestros organos internos?, tampoco. No somos nuestro corazón, por que la ciencia ya lo puede sustituir. Tampoco nuestros pulmones, ni riñones, por que podemos vivir sin uno u otro indistintamente.

No somos nuestro estomago o intestino, por que podemos vivir sin gran parte de ellos y en forma muy general y conceptual, tampoco somos el resto de nuestros órganos internos, por que ya, la ciencia, puede sustituirlos o suplementarlos individualmente.

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“Pensando en Grande”, si del cuello para abajo, no somos lo que concebíamos que eramos, ¿seremos acaso nuestro cerebro?.¡Tampoco!.

No podríamos decir que nosotros somos, nuestro Lóbulo cerebral Parietal, ni nuestro Lóbulo Occipital, ni nuestro Cerebelo, ni nuestro Bulbo raquídeo etc, estas son partes de nuestro cerebro que al dañarse o perderse, nos afectarían seriamente.

 Medicamente se han extirpado diferentes partes del cerebro o se han perdido en accidentes violentos o ataques terroristas y en muchos casos, las personas que han sobrevivido, han logrado seguir funcionando razonablemente bien, despues de años de terapia intensiva y un poderoso deseo de restablecimiento.

Sin entrar en detalles médicos específicos, sino más bien tratando de entender esto, simplificándolo en forma conceptual, podemos intuir que el ser humano no es su cuerpo, como piensan muchos, el cuerpo es, el vehículo a través del cual se manifiesta esa energía vital, llamada alma o  espíritu, que recibimos al nacer y que se esfuma, hacia otras “Dimensiones”, al morir.

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Ahora si podemos separar el objeto del sujeto y así podemos comprender, que el dueño de la rodilla o el tobillo, como se mencionó al principio, no es el cuerpo mismo sino esa energía vital que nos habla de su rodilla o de su tobillo

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  ( en otra publicación aclararemos la diferencia entre alma y espíritu)

Precisamente a eso se refería Sócrates, nosotros, nuestro verdadero Yo no es nuestro cuerpo sino nuestra alma y cuando comprendamos esto, habremos trascendido muchas limitantes que nos impiden llegar a nuestro pleno desarrollo ético, moral y espiritual, como seres humanos.

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Imaginemos una junta de sabios del medioevo diciendo: “¿Habéis escuchado a ese astrónomo polaco Niclaus Copernicus, que dice, que la tierra da vueltas alrededor del sol?, ¿Acaso ese estúpido astrónomo no puede ver que el sol sale por el oriente y se mete por el occidente?”.

Las apariencias engañan.

 Los sabios del medioevo estaban equivocados. ¿No estaremos nosotros igualmente equivocados al pensar que la tumba o la incineración es el final de la vida?

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Decía Victor Hugo, el gran literato francés del siglo XIX: “La tumba que se cierra sobre los muertos abre el firmamento y lo que nosotros tomamos por el fin, es el principio”. El sabía que, al morir, la tumba sólo es depositaria de nuestro cuerpo. Nuestra alma, ya liberada del cuerpo, estará libre para evolucionar en “Otras Dimensiones”.

Esto lo podrá comprobar cualquier persona de amplio criterio, que busque en YouTube “vida después de la vida”, o “vida después de la muerte”, donde se citan muchísimos casos de personas que estuvieron clínicamente muertos y que relataron sus extraordinarias experiencias en “Otras Dimensiones” cuando los resusitaron. Reconocidos Neurólogos, que tuvieron esas experiencias, constataron, que no se pueden concebir como alucinaciones mentales.

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¿Que intuyó Sócrates al decir que si conocemos verdaderamente quienes somos, conoceríamos el universo?

Que al descubrir que nuestro verdadero Yo es espiritual, que somos una energía indestructible, que somos eternos, se nos abren “Campos de Conocimientos”, insospechados, no atrapados por pensamientos aun más limitantes que los del medioevo.

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Este conocimiento abre infinitos horizontes a nuestro potencial de autorrealización, como lo veremos en la siguiente publicación.

No te la pierdas.

Afectuosamente

Johnny Bardavid

Vídeo recomendado:
“El hombre esculpiéndose a sí mismo”

Publicado en Crecimiento Personal.

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